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El domingo nos vimos en Jinámar un chorro de gente que acudimos a la llamada de Valentín Barroso, arqueólogo que está desarrollando el proyecto de rehabilitación de La Noria de Jinámar, ingenio del agua del siglo XIX donde los animales dan vueltas en el ático de tremendo hotel de 5 estrellas de la historia canaria haciendo ascender el agua de dos galerías subterráneas, lugar lleno de cachibaches preciosos para ser fotografiados y vistos en el que es Museo del Agua.
Para los que tenemos algo que ver con Telde es una alegría ver otra vez este lugar adecentado y cumplido, aunque la pelota entre instituciones ha sido como un rebumbio a puerta chica en una playa de callaos con Antonio de portero.Para los isleños de este lado de la orilla el agua tiene un significado en la vida muy importante, y la manera en que la movemos de un lado a otro ha hecho que nos avispemos en ingenierías de lo más curiosas, como esta, donde podemos encontrar el paso de los años y la evolución, con la incorporación de un motor diesel en el siglo XX.
Tras el espectáculo de los animales sincronizado a silencios para que grabara una cámara de tv, que nos obligaba a escondernos como lagartos entre la sombra del muro, una parte de la legión de fotógrafos que fuimos tuvimos la oportunidad de compartir charla y juguetes a modo de lentes que parecía que habían procreado en un momento dado entre tanta mochila. Conocí a Tono que tenía confundido con Alfredo, a Tuichi, a Óscar y a más gente que no me acuerdo del nombre, disculpen. De la gente que no veía hace años, pues casi todos estamos igual pero con menos pelo. Buena onda hubo.
Gracias Ana por acordarte de uno.
P.D.: véase de abajo para arriba

Según nos acercábamos a la Montaña de la Cueva del Humo, parece que los tres machos cabríos que nos encontramos después se pusieron a hacernos señales con las nubes.


A dos tiempos moviéndose la luz y las nubes