20.6.10

Subiendo Bayuyo


















Aquella mañana me acerqué hasta su base por la rotonda de la vela grande. Tenía ganas de subir pero no era el momento, aprecié a golpe de vista las casas garageras, nombre acuñado por María para definir esas construcciones que rinden homenaje en su planta baja al coche, mostrando grandes puertas de metal en proporción con la fachada, dejando un hueco a su lado para acceder a la vivienda. Es curioso, al verlas da la sensación de que hay problemas de aparcamiento y que el clima debe ser traicionero muchas veces al año. Canarias está llena de estas construcciones multiplicadas en grado superlativo en el interior de algunas islas, en paisajes rurales. Parece que el propietario quiere decirte, tengo un coche, y es grande. Uno de los exponentes más gráficos de estas casas que parece que guardan un camión de bomberos lo tenemos en Tejeda y Artenara. Visualicen en el cerebro y háganse sus cálculos de donde les hablo.

Al llegar la tarde la luz se hizo más clara aquel día, había llovido de noche y la atmósfera se presentaba limpia, hacia África el horizonte nacía limpio, marcado por la línea nítida que separa el mar del cielo.
Después de comer le puse piés al deseo y subí.
De la Bocaina soplaba un viento fuerte, lo fui sorteando entre las lomas dejándome llevar por la curiosidad a toda cosa que se moviera o estuviera quieta. Andé al golpito entre ardillas, un erizo chamuscado, bajo la sombra de unos cernícalos practicando primavera sobre las gavias cercanas mirando al norte, al sur, haciendo referencia de altura de Lobos con el horizonte, admirando Lanzarote en la lejanía, con las playas de Papagayo resplandecientes por un sol amable.
Al llegar al morro me senté a contemplar el norte de la isla de Fuerteventura, impresionado por la belleza del Malpaís de Bayuyo que aquel día decidió presentarse manchado por la sombra de las nubes.
Al este la arena blanca dibujaba el turquesa del mar al encontrarse con la playa. El tono oliva oxidado de las piedras de La Oliva contrastaba con la tierra dulce, los amarillos, los rojos intensos de mineral de hierro, el negro picón, el caliche. Los tonos marrones y canelos se repartían el espacio intermedio.
A mi derecha una gavia protegida por muros de piedra seca recordaba el buen año de lluvias. Al fondo, una pirámide de traquita donde descansa la memoria sagrada de los antiguos hijos de Maxorata, Tindaya. Un escalofrío me recorrió el cuerpo. En este momento prefiero no pensar en monumentalismos elevados a lo absurdo por la avaricia humana.
Una de las últimas erupciones,quizá la última de la isla de Fuerteventura se extiende ante mis ojos, un centenar de kilómetros cuadrados de lava cuarteados por la erosión convertidos en malpaís y tamizados por bolsas de edificaciones residenciales y turísticas de baja altura salteadas en medio del paisaje con nombres como La Capellanía o Parque Natural. En medio, una explotación de áridos y una escavadora nos recuerdan lo que ocurrirá con los espacios intemedios entre edificaciones en un futuro no muy lejano.
A la espalda y bajo mis pies los morros de Bayuyo, con la Caldera Encantada, la Caldera Rebanada, Las Calderas... volcanes que dieron origen a este paisaje a la misma vez que isla de Lobos hace más de 6000 años.
El horizonte sur está marcado por la Montaña Roja junto a las dunas de Corralejo, Montañas de la Blanca, Montaña de la Arena... volcanes que acarician el silencio interrumpido por el viento.
No terminé de subir Bayuyo, la tarde se echaba encima y andaba solo entre aquellas montañas.
En Fuerteventura se están haciendo las cosas bien a nivel de balización, o eso me pareció, encontré en algunos lugares señalética de baja altura con las rayas correspondientes del tipo de camino que es. Además hay un carril bici paralelo a la circunvalación de Puerto que está muy bien.
La iniciativa Fuerteventura al golpito es muy recomendable para hacer senderismo en compañía si andas por la isla.
Me quedaron ganas de más, subir Montaña Roja, caminar Cofete, La Zarza, la fuente de los camellos, la Rosa del Taro... pero otra vez será, antes de volver toca Chinyero, Abeque, Anaga y Teno.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Jose!! Me quedo sin palabras... bueno tampoco hacen falta, solo mirar y quedarse uno soñando que vuelve otra vez a la isla. Con tu permiso quiero enseñar estas fotos a mis majoreros para que vea que la isla es más bonita según desde que perspectiva y quien la mira.
No sé que decir, no sabes el provecho que le he sacado al curso de fotomóvil que hicimos en la Regenta, sólo que cuando hago una foto te nombro como maestro.
Me quedo absorta con tus fotos, gracias Jose.
Saludos Begoña

Jose Coyote dijo...

Hola Begoña, es un honor que se las enseñes a tus majoreros, diles de mi parte que viven en una isla preciosa no solo por tener playas paradisiacas, gozan de un paisaje único, de los más bellos del mundo para mi, con una geología desnuda que atrapa si la miras despacio porque se presenta humilde y es rica en toda la extensión del término. Sus vecinos "italianos" del norte (como les dicen los gracioseros) presumen de volcanes y paisaje, pero no tienen nada que envidiarles, sus malpaises son tan bellos como los "malpeis" de ellos y a poco que los exploten a nivel visual no querran plantar más hormigón ni inventar monumentos huecos de contenido copiados de la Roma imperial.
Me alegra haber podido transmitirte algo de luz en el curso de La Regenta, fue una experiencia muy grata que espero poder repetir. Lo de maestro me dejó colorado al leerlo.
Gracias a ti Begoña, un placer compartir caminos, salu2.

Clara dijo...

Que maravillosas vistas. Buscas la esencia de cada lugar y consigues plasmar lo bello de cada una de ellas. Te me pareces mucho a un amigo "camarandante" solo que El lo hace en su Tierra, Fotógrafo y Poeta. Un besote